Critica Revisionista
Es este nuestro modestísimo grano de arena y nuestro homenaje a la monumental tarea historiográfica que emprendieron los maestros del revisionismo fundacional en pos de develar la verdad histórica y de poner la historia al servicio de los intereses de la Nación.
jueves, 24 de mayo de 2012
25 de Mayo: ¿Qué festejamos?
Tradicionalmente prevalecía la visión liberal y masónica de Mayo. Mayo era un dogma indiscutido, en virtud del cual debía repetirse que la patria había nacido en 1810, bajo los sacros auspicios de la democracia, del liberalismo y de la macabra Revoluta de 1789.
España era una madrasta malísima -como la de las patochadas infantiles de Walt Disney- y habíamos hecho muy bien en sacárnoslas de encima. Los realistas eran tiranos opresores, los revolucionarios eran libertadores, y cada quien ocupaba su bando de malo o de bueno en los libros de texto. ¡Manes de parabienes!
No le faltaba fundamento in re a esta visión. Porque efectivamente, este Mayo liberal, masónico, antiespañol y aún anticatólico había existido. Quien se acerque a las malandanzas de Castelli, Moreno y Monteagudo -entre tantos otros- podrá comprobarlo. Otrosí queda penosamente al descubierto cuando se consideran los escritos o los actos del curerío progresista de entonces, más confundidos que Casaretto después del Summorum Pontificum de Benedicto XVI.
Por eso desde Roma llegaron voces legítimamente recelosas sino admonitorias respecto del movimiento revolucionario, como lo ha probado Rómulo Carbia en su La Iglesia y la Revolución de Mayo.
El Mayo masonete existió y es aborrecible. Existió y fue el que terminó imponiéndose, salvo durante el interregno glorioso de Don Juan Manuel. Los zurdos -que atacan a Roca por lo que tuvo de bueno- suelen decir que “es preferible un Mayo Francés a un Julio Argentino”.
Tengo para mí en ocasiones, ante tanta confusión, que es preferible que no haya mayos.
Los revisionistas -salvo alguno que creyó ver en el 25 de Mayo un 17 de octubre avant garde, y en el gorro frigio al famoso pochito con visera- en principio, pusieron las cosas en su lugar. Al menos los mejores de sus representantes probaron que hubo otro Mayo.
Monárquico, hispánico, católico, militar y patricio; enemigo de Napoleón -que no de España-, fiel a nuestra condición de Reyno de un Imperio Cristiano, en pugna contra britanos y franchutes, filosóficamente escolástico, legítima e ingenuamente leal al Rey cautivo, y germen de una autonomía, que devino forzosamente en independencia, cuando la orfandad española fue total, como total el desquicio de la casa gobernante. Federico Ibarguren y Roberto Marfany, entre otros, se llevan las palmas del esclarecimiento y de la reivindicación de este otro Mayo.
Mas nadie ha empardado, en claridad y en rectitud de juicio, al Mayo Revisado de Enrique Díaz Araujo.
Tampoco faltan hechos y personajes para probar la existencia de este Mayo genuino. Están las Memorias de Saavedra, la Autobiografía de Domingo Matheu, la de Manuel Belgrano, las cartas de Chiclana, Viamonte y Tomás Manuel de Anchorena. Está la obrita curiosa de Alberdi, El Gobierno de Sudamérica, y el mensaje magnífico de Rosas a la Legislatura, del 25 de mayo de 1836. Y hasta las fábulas humorísticas de Domingo de Azcuénaga están para nuestro entendimiento de la época.
¿Qué festejamos ese día? El Mayo masón desde ya que no. Ese será el del Bicentenario Oficial. Un festejo tan desnaturalizado y horrible como lo fue el de la gloriosa Reconquista y Defensa de 1806-1807. Será el Mayo falsificado y ruin, liberal y marxista, agravado por el magisterio soez de Felipe Pigna -nuevo Taita Magno de la Historia, como lo ridiculizaría Castellani- según el cual, Moreno fue el primer desaparecido y Saavedra el primer represor. Y lo peor es que a esta obscenidad llaman algunos ahora revisionismo histórico.
El Mayo de algunos de nuestros entrañables amigos españoles, tampoco podríamos festejar. Para ellos lo de aquí fue una simple traición a España; y aunque traidores hubo, sin duda, tuvo aquel acontecimiento protagonistas centrales transidos de lealtad y de fidelidad, de arraigo espiritual y encepamiento religioso, de recto y fecundo amor al solar natal, de prudente, gradual y legítimo sentido de emancipación americana.
El Mayo de los revisionistas heterodoxos, que vieron en aquellas jornadas de 1810 un alzamiento de orilleros resentidos y desarrapados rencorosos, tampoco es celebrable. Entre otras cosas, porque no existió. El piqueterismo es cosa de este siglo. Tampoco el Mayo de los católicos liberales, que creyeron calmar sus conciencias encontrando alguna tonsura entre los revolucionarios, aunque enseñaran las peores macanas modernistas.
Si algún Mayo recuerdo con gratitud, emoción y decoro; con absoluta austeridad de manifestaciones festivas, es el que encarna aquel Comandante de Patricios, que afirmando con meridiana claridad que se alzaba contra franceses e ingleses -y contra todos aquellos que aquí o acullá quisieran comprometer el destino de estas tierras franqueándoles las invasiones- puso su condición militar al servicio de Dios y de entrambas Españas.
De él dijo Braulio Anzoátegui: “Saavedra era un militar que jamás andaba sin uniforme, porque comprendía que un militar sin uniforme es una persona peligrosa que de pronto le da por pensar como un político cualquiera, y piensa y es capaz de olvidarlo todo; es como una dueña de casa que olvida lo que vale la docena de huevos. En esto se parecen las malas dueñas de casa a los malos militares: en que no saben cuánto valen los huevos”.
Saavedra lo sabía. Y tenía fama de saber estas cosas fundamentales. Por eso, el Capitán Duarte lo quiso proclamar Rey de América. Pero Moreno lo acusó de borracho y lo desterró de la ciudad. También desterrado acabaría Saavedra.
Curioso destino el de nuestros hombres de armas. Si no saben cuánto valen los huevos los nombran Generales. Si proclaman nuestra soberanía pasan a la historia por borrachos.
Antonio Caponnetto
Tomado de: http://argentinidad.org.ar/25-de-mayo-que-festejamos
viernes, 18 de mayo de 2012
EL ESPÍRITU CABALLERESCO CON QUE RAMÍREZ DE VELAZCO FUNDÓ LA RIOJA
Elena B. Brizuela y Doria
Un gobernante que funda una ciudad histórica, que será un pilar de la argentinidad, pensando ante todo en la gloria de Dios, que pide la intercesión de Nuestro Señor y de la Virgen Madre para "que guíe aquesta fundación", que piensa en el bien espiritual y material de los naturales, que planta el árbol de justicia para que la ley sea respetada, que actúa escuchando el parecer de las personas "de ciencia y experiencia"...
Un mundo que hoy parece irreal y sin embargo existió en la Argentina. Un antecedente que "corre por las venas" de nuestro pueblo.
Transcribimos lo principal del acta de fundación de La Rioja labrada por el Escribano de Gobernación y de Cabildo Luis de Hoyos, con mínimas adaptaciones al modo de escritura actual, para facilitar su comprensión. El acta habla por sí misma, por lo que sólo agregamos algunos subtítulos. El lector podrá recrear el magno acontecimiento, trasladándose a la realidad histórica del siglo XVI.
Acta de fundación de la ciudad de Todos Santos de la Nueva Rioja
[POR LA GLORIA DE DIOS Y DE LA VIRGEN MADRE, A QUIENES PIDE QUE GUIEN LA FUNDACION]
En el nombre de la Santisima Trinidad, Padre, y Hijo y Espiritu Santo, tres Personas y un solo Dios verdadero, y de su gloriosa Virgen Madre, Santa María Señora Nuestra, a quien suplico por su misericordia sea servido de guiar aquesta fundación de pueblo en su gloria y alabança de manera que su Divina Magestad sea servido y su santa fe ensalçada/ y estos bárbaros avitadores* en sus terminos y tierras vengan en conoçimiento de su Dios y criador/
(*nota: “rusticidad, falta de cultura”, cf. Diccionario de la Real Academia Española de 1783)
[CONFIANZA EN LA INTERCESION DE LA SERENISIMA REINA, MADRE DE NUESTRO SEÑOR, Y DE LOS SANTOS]
para lo qual pongo por yntercesora y medianera a la Serenisima Rreyna, madre de Nuestro Señor, y a los bienaventurados san pedro y san pablo, san juan bautista, Santiago, san francisco, san Antonio de Padua, san Pedro martir y todos los santos y santas de la corte del cielo sean ynterçesores con Nuestro Señor Jesucristo, la qual se comienza y haçe en la manera siguiente.
[EL NOMBRE DE LA GOBERNACION: EL DE LOS PUEBLOS INDIGENAS A EVANGELIZAR - …DE SANTIAGO DEL ESTERO, CAPITAL DEL TUCUMAN]
En veynte del mes de mayo de mill y quinientos y noventa y un años, su señoria del señor Juan Rramirez de Velasco, governador, capitan general (y) justicia mayor destas provincias e governacion de tucuman, Juries y diaguitas, comechingones, y todo lo a ella yncluso, por el católico Rey Don phelipe nuestro señor, dixo que por quanto en estas provincias de los diaguitas (…) habia muchos naturales que hasta agora no habían oydo el santo evangelio (…) y porque conviene al servicio de Dios nuestro señor y acrecentamiento de su santa fe y al de la magestad rreal del rrey Don phelipe nuestro señor que estos varvaros no mueran en su çeguedad y sean llamados y atraydos al gremio de su santa yglesia y den la servidumbre y ovediencia que deven a la magestad rreal, y aviendo venido con el dicho intento desde la ciudad de santiago del estero distante mas de sesenta leguas a estas provincias y en ellas visto y mirado la parte mas comoda y comarcana, deseando sean llamados y atraydos de paz y amistad y con mas façilidad puedan venir a oyr la palabra del santo evangelio de manera que el travajo no les sea estorvo para no se aficionar a ella/
[REFERENCIAS CLARAS: EN YACAMPIS, A 4 LEGUAS DE SANAGASTA Y 10 DEL VALLE DE FAMATINA (50 km)]
y aviendo mirado y buscado las partes necesarias y convinientes de asentar un pueblo de españoles para el dicho efecto y que en él haya tierras de sementeras, agua, leña e yerva* (*nota: pasturas) e lo demas necesario para la dicha fundacion hallé sitio y lugar conviniente en este valle que llaman de yacampis, (a) quatro leguas de sanagasta y diez de famatina y en medio de la mayor comarca de los naturales, porque se han descubierto mucha suma de pueblos que hasta hoy no se havian visto ni savido, ni havia llegado a su notiçia el bien que se les sigue de la predicacion evangelica y nuestra amistad y conversación/
[QUE ATIENDA A LOS BIENES DEL ALMA Y DEL CUERPO DE LOS NATURALES]
y de los demas bienes que se les siguen y serviçio que a Dios Nuestro
Señor se haçe en los convertir y traer a verdadero conocimiento, se siguen otros bienes generales para sustentacion de la vida humana, con los quales con mas fundamentos tienen firmeça los espirituales, y muchas tierras açequiadas de rregadio donde se are en seguras labranças viñas y heredades con fundamento firme, (a)demás de que la tierra es aparejada para muchas crianças de ganados, y la principal que se tiene muchas buenas y verdaderas noticias de que hay en ella plata, oro, açogue y otros metales con que los españoles pobladores mejor se podrán sustentar y los quintos rreales y patrimonio rreal ser muy acreçentado y muy servido/
[ESCUCHA EL PARECER DE PERSONAS DE CIENCIA Y EXPERIENCIA]
sobre lo cual, aviendo tomado acuerdo y pareçer con algunas personas de çiençia y esperiencia acordé haçer e hiçe la dicha fundación/
[CEREMONIA SIGNIFICATIVA - Desfile militar - Presencia del estandarte real - Lo recibe del Alférez - Exclamaciones e invocación - El nombre de Todos Santos]
y en presencia de los capitanes y soldados, y de mí, el escribano, su señoria del señor governador* (*nota: el gobernador) (a)pareçió, en la plaça que ha de ser desta dicha ciudad, a caballo, con todos los ofiçiales del campo, en forma(ción) de guerra, enarbolando el estandarte rreal, y su señoria del dicho señor governador se apeó de su cavallo y tomó de la mano del Alferez general el dicho estandarte rreal y lo campeó diçiendo en voz alta: España, España, y estas provinçias por el rrey don felipe nuestro señor, en nombre de Dios y del cual, y de su bendita y gloriosa Madre, y de los santos a quien(es) arriba he tomado por intercesores, y en nombre de la magestad del rrey don phelipe nuestro señor, con cuyo poder lo hago y fundo y pueblo en este dicho valle la ciudad de Todos Santos de la Nueva Rioja y en señal de su fundaçión y población, con mis propias manos hinco este palo y árbol de justicia civil y criminal, con mero mixto imperio, en donde ser executada la rreal justicia de hoy en adelante, la qual dicha fundacion y fijeça de árbol desposicion [haga] que teman en nombre de la magestad rreal de la dicha poblaçion y fundación, y sus terminos y jurisdiçion que adelante señalaré/
[RECONOCIMIENTO A LA AYUDA DEL MAESTRE DE CAMPO BLAS PONCE]
a la qual dicha fundación se halló en mi ayuda como poblador y fundador el capitan BIas ponce, maese de campo general destas provincias, con cuyo pareçer hice la dicha fundacion, y los capitanes don juan rramires de Velasco* (*nota: su hijo), alvaro de abreu de figueroa, el coronel gonçalo duarte de meneses, el capitan Pedro lopez centeno, Juan Bautista Muñoz, sargento mayor del campo Baltasar de Avila Barrionuevo, el capitan Baltasar de los rreyes, el capitan Juanes de artaça, gaspar rrodriguez, hernando rretamoso, antonio alvarez, luis de medina, alonso martin del arroyo, garçia de medina, el licenciado Juan hermoso granero, juan gutierrez altamirano y otras muchas personas que firmaron sus nombres/
[PRUDENCIA Y ELASTICIDAD: POSIBILIDAD DE TRASLADAR LA CIUDAD A UN LUGAR MEJOR]
la qual dicha fundacion hago con cargo e aditamento que si (a)pareciere y se hallare otro asiento en mejor conmarca, mas fértil, util y provechoso, y la dicha poblacion y conversión de los naturales, que lo pueda yo pasar, trasladar y mudar, o el que en mi lugar gobernare, y la justicia mayor concuerda con el cabildo sin por ello yncurrir en pena y no en otra manera alguna, y esto se entiende con licencia mia o del que en nombre de su magestad governare estas provincias.
(firmado) Juan rramires de velasco, BIas ponce, alvaro de abreu de figueroa, fernando rretamoso, don juan rramires de velasco, goncalo duarte de meneses, damian peres de villarreal, gaspar rrodriguez, Pedro de soria medrano, domingo de otaso, Don Francisco maldonado de sahavedra, juan hermoso granero, antonio alvarez, Juan nuñez galvez, Baltasar de los rreyes, luis de medina, Mateo Rozas de Oquendo, Juan gutierrez, Bal- tasar de avila varrionuevo, alonso de carrion, Juan Bautista muñoz, marcos de arroyo, gonçalo de contreras, Pedro Lopez centeno, francisco Romero, melchor de vega, juanes de artaça, Pedro diaz, hernando de hariça, juan rramirez de montalvo, ante mi luis de hoyos, escrivano de governacion y de cavildo. - - - - - - -
(Acta transcripta de: Alejandro Moyano Aliaga, Director del Archivo Histórico de Córdoba en: “LA RIOJA – REVELACIONES DOCUMENTALES ACERCA DE SU FUNDACION”, Junta Provincialde Historia de Córdoba, 1991, Documento nº 2, pp. 21-26. Agradecemos la deferencia del reconocido autor).
Tomado de: http://diariopregon.blogspot.com.ar/2012/05/el-espiritu-caballeresco-con-que.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+DiarioPregnDeLaPlata+%28DIARIO+PREG%C3%93N+DE+LA+PLATA%29
martes, 8 de mayo de 2012
CORNELIO JUDAS TADEO SAAVEDRA Y RODRÍGUEZ DE GÜIRALDES
EL HOMBRE DE MAYO
En nuestra, adrede, capciosa y difusa historia se lo llegó a tildar del “prócer gris”, expresión irónica que intenta resaltar la exigua importancia que se le atribuye al presidente de la Primera Junta de Gobierno Patrio. Y esto acontece para exaltar la figura de su adversario Mariano Moreno a quien se le atribuye un exagerado protagonismo en las jornadas mayas. Se forja todo un montaje mendaz para erigir la figura del “jacobino” en desmedro de la decisiva actuación de Don Cornelio Saavedra.
No hace falta más que interiorizarse un tanto del papel que jugaron ambos personajes en Mayo de 1810 y años anteriores para que podamos afirmar sin ambages que sin Moreno la revolución se hacía igual (o sea que lo de “numen” es fruto de la imaginación calenturienta de los liberales de ese entonces) pero sin Saavedra era imposible. Hagamos un pequeño ejercicio de lógica y llegaremos a la conclusión que Saavedra disponía del elemento más valioso que se requiere para producir profundos cambios políticos: La Fuerza, o sea, el poder militar que se requería para imponer la emancipación de la Colonia. Sólo con grandes oradores o pensadores no se gesta una revolución, éstos cobran importancia en una etapa posterior de organización, nunca como punta de lanza.
Siguiendo en esa línea de ideas podemos reflexionar que la Patria había nacido ya durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, en donde los criollos debieron valerse por sí mismos para conservar su libertad. Allí también quedó palmariamente demostrada la impotencia de España para proteger sus territorios coloniales. Esta fue la causa decisiva que impulsa al espíritu revolucionario e independentista de mayo y no la “Revolución Francesa” ni los autores de la “Enciclopedia francesa” ni siquiera las revoluciones americanas precedentes, como por ejemplo la de Estados Unidos. Nada templó los espíritus como la autosuficiencia demostrada en aquellas agresiones británicas.
Inclusive desde el punto de vista matemático Saavedra tuvo una larga y trajinada participación efectiva en la lucha por este país en poco más de dos décadas del siglo XIX. En cambio, Moreno fallece al año siguiente de la revolución sin contar que no participó de los Cabildos de mayo, es más tuvieron que notificarle en su domicilio que había sido designado secretario de la Primera Junta.
Nos guiamos por la notable obra de Hugo Wast “Año X” cuando afirma “…La revolución de mayo, fue una revolución militar…” “…El pueblo de Mayo tuvo una intervención tan desanimada en los sucesos de aquellos días, que se puede afirmar que sólo actuó a ratos, como espectador y no como actor…”
Con estas afirmaciones Gustavo Martínez Zuviría (tal su verdadero nombre, Hugo Wast es un seudónimo) intenta demostrar que el pueblo participó con más ahinco y fiereza en defensa de la Ciudad en 1806 y 1807 que en 1810.
Dando por tierra con la imagen escolar de la Plaza de Mayo colmada de público con la anécdota del doctor Leiva, síndico del Cabildo y abogado consultor de Cisneros junto con Moreno, cuando se asoma hacia la plaza y espeta “…y el pueblo,¿ donde está?...” La porción de “pueblo” que participaba estaba movilizado por los jefes militares que exigían un “golpe de timón”. A las 9 y media de la mañana de ese día 25, habían comparecido al cabildo los jefes de los diversos cuerpos existentes en la ciudad: Patricios; Artilleros; Migueletes; Granaderos de Fernando VII; Arribeños; Dragones; Ingenieros; Húsares del Rey, etc. Quien llevaba la voz cantante era Cornelio Saavedra caudillo del movimiento y comandante del célebre cuerpo de Patricios. Incluso es él y otros oficiales quienes ante la actitud dubitativa de los cabildantes comienzan a arrastrar sus sables por las galerías del edificio en maniobra intimidatorio.
Saavedra. Breve biografía
Los Saavedra era una familia de origen andaluz asentadas en América desde el siglo XVI y XVII uno de los más reputados antecesores era Hernandarias de Saavedra.
El 15 de setiembre de 1759 nace Cornelio Saavedra en la villa de Potosí en el Alto Perú, fueron sus padres el capitán Santiago Felipe de Saavedra y De La Palma (Alcalde y regidor de Buenos Aires entre 1770 y 1790) y Doña María Teresa Rodríguez de Güiraldes. Arribó a Buenos Aires a los ocho años de edad y en 1773 ingresó al Colegio San Carlos donde inició cursos de filosofía. Ya en 1801 a raíz de sus estudios y talento fue nominado Alcalde de 2º voto en el Cabildo de la mencionada ciudad.
Tal como lo describe en sus memorias su carrera militar comenzó con las invasiones inglesas. Allí Liniers identificó a los diversos grupos urbanos que se organizaron para la resistencia, entre otros, el cuerpo de Patricios integrado por porteños compuesto por tres batallones con casi 1400 plazas.
Estos combatientes, proclamaron a Saavedra como primer jefe y comandante, el día 6 de setiembre de 1806. El 8 de octubre del mismo año el Virrey Sobremonte le extendía los despachos de comandante graduado de teniente coronel de “La Legión de Patricios Voluntarios Urbano de Buenos Aires”.
Junto a Martín Rodríguez, comandante interino, organizaron y entrenaron la tropa a un óptimo nivel, poniéndolos a un pie de igualdad con los soldados europeos. En enero de 1807 viajó a Montevideo a defenderla de la agresión del general Auchmuty, iba con 600 patricios que integraban un ejército de más de dos mil plazas. A mitad de camino se anoticiaron de la caída de Montevideo y decidieron regresar recuperando un parque de artillería en Colonia del Sacramento trasladando a Buenos Aires el valioso material bélico.
El 29 de junio de 1807, 12.000 ingleses al mando del general John Whitelocke desembarcaron en Barragán y marcharon sobre Buenos Aires. Liniers los esperó del otro lado del Riachuelo con sus fuerzas divididas en 3 columnas. Saavedra por pedido propio encabezó la vanguardia con sus Patricios. En varias jornadas de sangrientos combates con la participación del pueblo de Buenos Aires, el ejército inglés fue rendido el 7 de julio con la capitulación de todos los generales y la evacuación de 7800 soldados. Saavedra había dado buena cuenta de las columnas que encabezaban Pack y Cadogan.
Cuando Martín de Álzaga se alzó contra Liniers (1/1/1809), Saavedra respaldó a este último con toda energía y rápidamente dispersó a los sublevados.
El 19 de Mayo de 1810, reunidos los jefes militares con Cisneros en la Fortaleza, Saavedra impuso sus célebres palabras: “…habiendo caducado el gobierno español el pueblo debería proveer a su propia seguridad…”
Luego de diversas reuniones algunos cabildantes intentan sostener a Cisneros como cabeza de una Junta de Gobierno entre cuyos vocales hacían figurar a Saavedra, pero esta estratagema se diluyó con la definición de los acontecimientos del día 25 con la designación de los miembros de la Primera Junta de Gobierno presidida por Saavedra como no podía ser de otra manera. Ocupando este cargo fue promovido a coronel y luego a Brigadier de ejército
Desde entonces se incrementarán sus divergencias con Mariano Moreno y era lógico, ambos encarnaban dos posiciones irreconciliables en las aspiraciones del país que pensaban organizar. La visión de Moreno era “for export” es decir miraba el futuro con ojos extranjeros, encabezaba el grupo que quería romper no sólo los lazos políticos sino también los culturales con España. Pensaba que nuestros males devenían de nuestro origen hispano generando la leyenda que si nos hubieran colonizado los sajones alcanzaríamos un desarrollo como los Estados Unidos o Canadá, quizás desconocían que Kenia y Zimbawe, entre otras muchas, eran colonizadas por Inglaterra. Adhería fervientemente al liberalismo económico desarrollado por los británicos. Este brusco cambio lo experimento Moreno en muy poco tiempo ya que había sido un defensor de la condición de colonia española que detentábamos, vale recordar que Moreno había participado en 1809 a favor de la insurrección de Álzaga en contra de Liniers.
En cambio Saavedra posaba su mirada hacia adentro del país era un ferviente católico y rechazaba los postulados de la Revolución Francesa y por ello era tildado de conservador.
Estas diferencias no se saldarían con la muerte de Moreno ni con la desmembración del aparato “morenista” en las jornadas del 5 y 6 de abril de 1811 en que se produce la llamada revolución de los “orilleros” porteños que encabezan Joaquín Campana y Tomás Grigera, que apoya Saavedra y que cuenta con el estímulo del Deán Funes.
Saavedra presidió la Junta hasta agosto de 1811 cuando estimó necesario concurrir al norte para reparar el desastre producido en la batalla de “Huaqui” también llamada “El Desaguadero” con la que perdimos definitivamente el Alto Perú.
A la semana de haber arribado a Salta, le notificaron que había sido separado de la Junta y de la presidencia de la misma y los complotados le ordenaban que entregase sus tropas a Juan Martín de Pueyrredón.
Saavedra era acusado de “carlotista” porque había recibido correspondencia de Carlota Joaquina de Borbón, que le solicitaba su apoyo para reinar en Buenos Aires, esquelas que Saavedra nunca respondió.
Quien más difamó a Saavedra fue Bernardo de Monteagudo, sucesor de Moreno en la dirección del periódico “La Gazeta”. Cuando Posadas asumió como Director Supremo se agudizaron las persecuciones a nuestro prócer llegando, incluso, a sustentársele un “Juicio de Residencia”. A la sazón se encontraba en San Juan, desde allí envió instrucciones a su apoderado para que organizara su defensa, pero éste no pudo encontrar ningún abogado que aceptara defenderlo ya que el gobierno de la logia producía miedo en Buenos Aires. La Asamblea del año XIII decidió expatriarlo permanentemente por su participación en las jornadas de la revuelta popular del 5 y 6 de abril de 1811.
Se asiló en Chile donde permaneció poco tiempo ya que producido el desastre de Rancagua volvió de incógnito hacia la zona de Cuyo, pasando necesidades que sólo San Martín mitigó. Tiempo después se dictó una amnistía para los desterrados políticos con la excepción de Saavedra y Joaquín Campana.
Finalmente el Cabildo que sucedió al Directorio de Alvear declaró a Saavedra repuesto en su empleo y honores y el Congreso en 1818 cerró su causa. Pueyrredón le extendió los despachos de Brigadier General de los Ejércitos de la Nación. Presto servicios militares activamente, incluso, en la lucha contra los belicosos indios ranqueles con quienes llegó a concertar la paz.
Con motivo de la muerte del General Antonio González Balcarce, Saavedra asumió el Estado Mayor de Ejército, transcurría la primavera de 1819.
A consecuencia de los acontecimientos de la anarquía del año 20 debió asilarse nuevamente, esta vez en Montevideo de donde regresó en octubre de ese año al afirmarse el gobierno de Martín Rodríguez. Prosiguió prestando servicios militares hasta fines de 1821.
El 28 de febrero de 1822 durante la reforma militar pergeñada por el pérfido y taimado Rivadavia (Siniestro personaje de nuestra historia que inexplicablemente cosecha una gran cantidad de homenajes. No existe pueblo o ciudad de este país que no tengan una calle, una plaza y una escuela que no lleven su nombre) fue pasado a retiro junto con Miguel de Azcuénaga y Juan Martín de Pueyrredón.
En 1826 contando casi 67 años de edad, se ofreció a luchar en la guerra contra Brasil. Gesto que el Ministro de Guerra, Coronel Marcos Balcarce, agradeció.
En las últimas horas del 29 de marzo de 1829 falleció a raíz de ataque cardíaco. El 16 de setiembre, durante el interinato de gobierno del General Juan José Viamonte se decretó que sus restos fueran depositados en un mausoleo del cementerio del Norte (Hoy La Recoleta donde aún permanecen).
Se había casado en 1788 con Francisca de Cabrera y Saavedra, prima hermana suya que falleció 10 años después de cuyo matrimonio tuvo cuatro hijos: Mariano Saavedra y Cabrera (n.1790); Diego Martín Saavedra y Cabrera (n.1792); Manuel José Saavedra y Cabrera (n.1794) y Francisco Saavedra y Cabrera (n.1796).
En 1801 se casó, en segundas nupcias con Saturnina Bárbara de Otárola del Rivero (n. 1771) con la engendró ocho hijos: Agustín José Pío Saavedra y de Otárola (n.1802); Melitón José Saavedra y de Otárola (n.1804); Pedro José Saavedra y de Otárola (n.1805); María Mercedes Saavedra y de Otárola (n.1806); Dominga Saavedra y de Otárola (n.1808); Mariano Eusebio Saavedra y de Otárola (n.1810); Francisco Saavedra y de Otárola (n.1811) y María Francisca Saavedra y de Otárola (n.1815).
Valga esta nota como nuestro sentido homenaje a tan ilustre argentino.
Lic. Carlos Pachá
En nuestra, adrede, capciosa y difusa historia se lo llegó a tildar del “prócer gris”, expresión irónica que intenta resaltar la exigua importancia que se le atribuye al presidente de la Primera Junta de Gobierno Patrio. Y esto acontece para exaltar la figura de su adversario Mariano Moreno a quien se le atribuye un exagerado protagonismo en las jornadas mayas. Se forja todo un montaje mendaz para erigir la figura del “jacobino” en desmedro de la decisiva actuación de Don Cornelio Saavedra.
No hace falta más que interiorizarse un tanto del papel que jugaron ambos personajes en Mayo de 1810 y años anteriores para que podamos afirmar sin ambages que sin Moreno la revolución se hacía igual (o sea que lo de “numen” es fruto de la imaginación calenturienta de los liberales de ese entonces) pero sin Saavedra era imposible. Hagamos un pequeño ejercicio de lógica y llegaremos a la conclusión que Saavedra disponía del elemento más valioso que se requiere para producir profundos cambios políticos: La Fuerza, o sea, el poder militar que se requería para imponer la emancipación de la Colonia. Sólo con grandes oradores o pensadores no se gesta una revolución, éstos cobran importancia en una etapa posterior de organización, nunca como punta de lanza.
Siguiendo en esa línea de ideas podemos reflexionar que la Patria había nacido ya durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, en donde los criollos debieron valerse por sí mismos para conservar su libertad. Allí también quedó palmariamente demostrada la impotencia de España para proteger sus territorios coloniales. Esta fue la causa decisiva que impulsa al espíritu revolucionario e independentista de mayo y no la “Revolución Francesa” ni los autores de la “Enciclopedia francesa” ni siquiera las revoluciones americanas precedentes, como por ejemplo la de Estados Unidos. Nada templó los espíritus como la autosuficiencia demostrada en aquellas agresiones británicas.
Inclusive desde el punto de vista matemático Saavedra tuvo una larga y trajinada participación efectiva en la lucha por este país en poco más de dos décadas del siglo XIX. En cambio, Moreno fallece al año siguiente de la revolución sin contar que no participó de los Cabildos de mayo, es más tuvieron que notificarle en su domicilio que había sido designado secretario de la Primera Junta.
Nos guiamos por la notable obra de Hugo Wast “Año X” cuando afirma “…La revolución de mayo, fue una revolución militar…” “…El pueblo de Mayo tuvo una intervención tan desanimada en los sucesos de aquellos días, que se puede afirmar que sólo actuó a ratos, como espectador y no como actor…”
Con estas afirmaciones Gustavo Martínez Zuviría (tal su verdadero nombre, Hugo Wast es un seudónimo) intenta demostrar que el pueblo participó con más ahinco y fiereza en defensa de la Ciudad en 1806 y 1807 que en 1810.
Dando por tierra con la imagen escolar de la Plaza de Mayo colmada de público con la anécdota del doctor Leiva, síndico del Cabildo y abogado consultor de Cisneros junto con Moreno, cuando se asoma hacia la plaza y espeta “…y el pueblo,¿ donde está?...” La porción de “pueblo” que participaba estaba movilizado por los jefes militares que exigían un “golpe de timón”. A las 9 y media de la mañana de ese día 25, habían comparecido al cabildo los jefes de los diversos cuerpos existentes en la ciudad: Patricios; Artilleros; Migueletes; Granaderos de Fernando VII; Arribeños; Dragones; Ingenieros; Húsares del Rey, etc. Quien llevaba la voz cantante era Cornelio Saavedra caudillo del movimiento y comandante del célebre cuerpo de Patricios. Incluso es él y otros oficiales quienes ante la actitud dubitativa de los cabildantes comienzan a arrastrar sus sables por las galerías del edificio en maniobra intimidatorio.
Saavedra. Breve biografía
Los Saavedra era una familia de origen andaluz asentadas en América desde el siglo XVI y XVII uno de los más reputados antecesores era Hernandarias de Saavedra.
El 15 de setiembre de 1759 nace Cornelio Saavedra en la villa de Potosí en el Alto Perú, fueron sus padres el capitán Santiago Felipe de Saavedra y De La Palma (Alcalde y regidor de Buenos Aires entre 1770 y 1790) y Doña María Teresa Rodríguez de Güiraldes. Arribó a Buenos Aires a los ocho años de edad y en 1773 ingresó al Colegio San Carlos donde inició cursos de filosofía. Ya en 1801 a raíz de sus estudios y talento fue nominado Alcalde de 2º voto en el Cabildo de la mencionada ciudad.
Tal como lo describe en sus memorias su carrera militar comenzó con las invasiones inglesas. Allí Liniers identificó a los diversos grupos urbanos que se organizaron para la resistencia, entre otros, el cuerpo de Patricios integrado por porteños compuesto por tres batallones con casi 1400 plazas.
Estos combatientes, proclamaron a Saavedra como primer jefe y comandante, el día 6 de setiembre de 1806. El 8 de octubre del mismo año el Virrey Sobremonte le extendía los despachos de comandante graduado de teniente coronel de “La Legión de Patricios Voluntarios Urbano de Buenos Aires”.
Junto a Martín Rodríguez, comandante interino, organizaron y entrenaron la tropa a un óptimo nivel, poniéndolos a un pie de igualdad con los soldados europeos. En enero de 1807 viajó a Montevideo a defenderla de la agresión del general Auchmuty, iba con 600 patricios que integraban un ejército de más de dos mil plazas. A mitad de camino se anoticiaron de la caída de Montevideo y decidieron regresar recuperando un parque de artillería en Colonia del Sacramento trasladando a Buenos Aires el valioso material bélico.
El 29 de junio de 1807, 12.000 ingleses al mando del general John Whitelocke desembarcaron en Barragán y marcharon sobre Buenos Aires. Liniers los esperó del otro lado del Riachuelo con sus fuerzas divididas en 3 columnas. Saavedra por pedido propio encabezó la vanguardia con sus Patricios. En varias jornadas de sangrientos combates con la participación del pueblo de Buenos Aires, el ejército inglés fue rendido el 7 de julio con la capitulación de todos los generales y la evacuación de 7800 soldados. Saavedra había dado buena cuenta de las columnas que encabezaban Pack y Cadogan.
Cuando Martín de Álzaga se alzó contra Liniers (1/1/1809), Saavedra respaldó a este último con toda energía y rápidamente dispersó a los sublevados.
El 19 de Mayo de 1810, reunidos los jefes militares con Cisneros en la Fortaleza, Saavedra impuso sus célebres palabras: “…habiendo caducado el gobierno español el pueblo debería proveer a su propia seguridad…”
Luego de diversas reuniones algunos cabildantes intentan sostener a Cisneros como cabeza de una Junta de Gobierno entre cuyos vocales hacían figurar a Saavedra, pero esta estratagema se diluyó con la definición de los acontecimientos del día 25 con la designación de los miembros de la Primera Junta de Gobierno presidida por Saavedra como no podía ser de otra manera. Ocupando este cargo fue promovido a coronel y luego a Brigadier de ejército
Desde entonces se incrementarán sus divergencias con Mariano Moreno y era lógico, ambos encarnaban dos posiciones irreconciliables en las aspiraciones del país que pensaban organizar. La visión de Moreno era “for export” es decir miraba el futuro con ojos extranjeros, encabezaba el grupo que quería romper no sólo los lazos políticos sino también los culturales con España. Pensaba que nuestros males devenían de nuestro origen hispano generando la leyenda que si nos hubieran colonizado los sajones alcanzaríamos un desarrollo como los Estados Unidos o Canadá, quizás desconocían que Kenia y Zimbawe, entre otras muchas, eran colonizadas por Inglaterra. Adhería fervientemente al liberalismo económico desarrollado por los británicos. Este brusco cambio lo experimento Moreno en muy poco tiempo ya que había sido un defensor de la condición de colonia española que detentábamos, vale recordar que Moreno había participado en 1809 a favor de la insurrección de Álzaga en contra de Liniers.
En cambio Saavedra posaba su mirada hacia adentro del país era un ferviente católico y rechazaba los postulados de la Revolución Francesa y por ello era tildado de conservador.
Estas diferencias no se saldarían con la muerte de Moreno ni con la desmembración del aparato “morenista” en las jornadas del 5 y 6 de abril de 1811 en que se produce la llamada revolución de los “orilleros” porteños que encabezan Joaquín Campana y Tomás Grigera, que apoya Saavedra y que cuenta con el estímulo del Deán Funes.
Saavedra presidió la Junta hasta agosto de 1811 cuando estimó necesario concurrir al norte para reparar el desastre producido en la batalla de “Huaqui” también llamada “El Desaguadero” con la que perdimos definitivamente el Alto Perú.
A la semana de haber arribado a Salta, le notificaron que había sido separado de la Junta y de la presidencia de la misma y los complotados le ordenaban que entregase sus tropas a Juan Martín de Pueyrredón.
Saavedra era acusado de “carlotista” porque había recibido correspondencia de Carlota Joaquina de Borbón, que le solicitaba su apoyo para reinar en Buenos Aires, esquelas que Saavedra nunca respondió.
Quien más difamó a Saavedra fue Bernardo de Monteagudo, sucesor de Moreno en la dirección del periódico “La Gazeta”. Cuando Posadas asumió como Director Supremo se agudizaron las persecuciones a nuestro prócer llegando, incluso, a sustentársele un “Juicio de Residencia”. A la sazón se encontraba en San Juan, desde allí envió instrucciones a su apoderado para que organizara su defensa, pero éste no pudo encontrar ningún abogado que aceptara defenderlo ya que el gobierno de la logia producía miedo en Buenos Aires. La Asamblea del año XIII decidió expatriarlo permanentemente por su participación en las jornadas de la revuelta popular del 5 y 6 de abril de 1811.
Se asiló en Chile donde permaneció poco tiempo ya que producido el desastre de Rancagua volvió de incógnito hacia la zona de Cuyo, pasando necesidades que sólo San Martín mitigó. Tiempo después se dictó una amnistía para los desterrados políticos con la excepción de Saavedra y Joaquín Campana.
Finalmente el Cabildo que sucedió al Directorio de Alvear declaró a Saavedra repuesto en su empleo y honores y el Congreso en 1818 cerró su causa. Pueyrredón le extendió los despachos de Brigadier General de los Ejércitos de la Nación. Presto servicios militares activamente, incluso, en la lucha contra los belicosos indios ranqueles con quienes llegó a concertar la paz.
Con motivo de la muerte del General Antonio González Balcarce, Saavedra asumió el Estado Mayor de Ejército, transcurría la primavera de 1819.
A consecuencia de los acontecimientos de la anarquía del año 20 debió asilarse nuevamente, esta vez en Montevideo de donde regresó en octubre de ese año al afirmarse el gobierno de Martín Rodríguez. Prosiguió prestando servicios militares hasta fines de 1821.
El 28 de febrero de 1822 durante la reforma militar pergeñada por el pérfido y taimado Rivadavia (Siniestro personaje de nuestra historia que inexplicablemente cosecha una gran cantidad de homenajes. No existe pueblo o ciudad de este país que no tengan una calle, una plaza y una escuela que no lleven su nombre) fue pasado a retiro junto con Miguel de Azcuénaga y Juan Martín de Pueyrredón.
En 1826 contando casi 67 años de edad, se ofreció a luchar en la guerra contra Brasil. Gesto que el Ministro de Guerra, Coronel Marcos Balcarce, agradeció.
En las últimas horas del 29 de marzo de 1829 falleció a raíz de ataque cardíaco. El 16 de setiembre, durante el interinato de gobierno del General Juan José Viamonte se decretó que sus restos fueran depositados en un mausoleo del cementerio del Norte (Hoy La Recoleta donde aún permanecen).
Se había casado en 1788 con Francisca de Cabrera y Saavedra, prima hermana suya que falleció 10 años después de cuyo matrimonio tuvo cuatro hijos: Mariano Saavedra y Cabrera (n.1790); Diego Martín Saavedra y Cabrera (n.1792); Manuel José Saavedra y Cabrera (n.1794) y Francisco Saavedra y Cabrera (n.1796).
En 1801 se casó, en segundas nupcias con Saturnina Bárbara de Otárola del Rivero (n. 1771) con la engendró ocho hijos: Agustín José Pío Saavedra y de Otárola (n.1802); Melitón José Saavedra y de Otárola (n.1804); Pedro José Saavedra y de Otárola (n.1805); María Mercedes Saavedra y de Otárola (n.1806); Dominga Saavedra y de Otárola (n.1808); Mariano Eusebio Saavedra y de Otárola (n.1810); Francisco Saavedra y de Otárola (n.1811) y María Francisca Saavedra y de Otárola (n.1815).
Valga esta nota como nuestro sentido homenaje a tan ilustre argentino.
Lic. Carlos Pachá
viernes, 27 de abril de 2012
MISMA FECHA, MISMA HISTORIA
1 DE MAYO DE 1851, 1865 Y 1933
Afrenta y Sometimiento
Un 1 de mayo de 1851, 1865 y 1933, se firmaron unos de los mas humillantes y escandalosos Tratados: El Pronunciamiento de Urquiza (1 de mayo de 1851); el Tratado de la Triple Alianza (1 de mayo de 1865); y el Tratado Roca-Runciman (1 de mayo de 1933).
Afrenta y Sometimiento
Un 1 de mayo de 1851, 1865 y 1933, se firmaron unos de los mas humillantes y escandalosos Tratados: El Pronunciamiento de Urquiza (1 de mayo de 1851); el Tratado de la Triple Alianza (1 de mayo de 1865); y el Tratado Roca-Runciman (1 de mayo de 1933).
Pudo haber sido mera casualidad la elección de esa misma fecha, pero que los identifica, en medios y en fines, con un solo objetivo: establecer y consolidar la influencia financiera y política de los intereses anglo-brasileños en los dos primeros casos y asegurar los privilegios británicos en el último.
Una íntima vinculación existe entre el Pronunciamiento de Urquiza y el Tratado de la Triple Alianza, pues, como se ha señalado, persiguieron el mismo objetivo y sus actores son los mismos, además de mediar cercanía cronológica.
Detrás de la expansión del Imperio del Brasil encontramos a Ireneo Evangelista de Souza, Barón de Mauá, titular de la casa “Carruthers y Cía.”, que era propiedad del comerciante inglés Richard Carruthers, la misma que a su vez estaba ligada a Rothschild (la misma banca que financió la Revolución Rusa de 1917), posteriormente se fundaría el Banco Mauá con agencias en todo el Imperio y filiales en Nueva York, Londres, Manchester, Montevideo, Rosario y Buenos Aires.
No es posible entender la raíz de esta cuestión si se desconoce la actuación y la decisiva gravitación de este personaje, ya que en sus bolsillos se halla la causa de la hegemonía del Imperio del Brasil en la cuenca del Plata (Argentina, Uruguay y Paraguay), desde Caseros a Cerro Corá, desde 1852 hasta 1870; de más está decir que dicha hegemonía implicó simétricamente la ruina de Argentina, Uruguay y Paraguay, y cuyas consecuencias se pueden apreciar hasta el día de hoy.
Fue Ireneo de Souza el que contribuyó con el dinero que Pedro II (emperador del Brasil) pagó al General Justo José de Urquiza para que surja en él la “preocupación” y desvelo por una constitución escrita. Su “pronunciamiento” del 1 de mayo de 1851 incluyó la firma de un Tratado entre las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Uruguay y Brasil, con el solo objetivo de derrocar al Restaurador General Don Juan Manuel de Rosas y estatizando la deuda que por dicho tratado de asumía, lo que desembocaría en la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) combatiendo el “Ejército Grande” de Urquiza (con tropas brasileras, uruguayas y 3.000 mercenarios europeos) contra el Ejército Argentino integrado por valientes y patriotas.
Brasil veía en la Confederación Argentina gobernada por el Restaurador Gral. Don Juan Manuel de Rosas su mas peligroso rival en la política sudamericana; en realidad los verdaderos actores que querían destruir a esa Digna y Próspera Argentina era Gran Bretaña ( ENEMIGO eterno de la Nación Argentina), que como no pudo prevalecer por la armas en el Combate de Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845, cuando invadió nuestros ríos interiores junto con Francia aplicándonos simultáneamente un feroz bloqueo), lo hizo luego, a través de sus esbirros financieros (Rothschild), y utilizando al Imperio del Brasil como vehículo de sus intereses.
Una vez reducida la Confederación Argentina a un reducto de anarquía, el Imperio y su banquero ocupan de nuevo a sus mas fieles servidores, Justo José de Urquiza y a Bartolomé Mitre, asno inglés consagrado. Esta vez el enemigo era el Paraguay del Mariscal Francisco Solano López, que gobernaba a la única Patria independiente y pujante de estas latitudes. En efecto intervienen nuevamente el oro inglés, pero acuñado en portugués, para que Urquiza haga sus negocios y Mitre aliste a su Ejército con “voluntarios” traídos con cadenas desde el interior; en ese contexto se producen los levantamientos de las montoneras, conducidas por el Chacho Peñaloza y Felipe Varela, éste último protagonizaría la última batalla (Pozo de Vargas, 10 de abril de 1867) de su cruzada americanista y federal.
El Tratado Roca-Runciman, encierra exactamente la misma lógica: menoscabo de la Soberanía Nacional; gobernantes totalmente entregados y vendidos al dinero inglés; concesiones fabulosas al extranjero y pésimos negocios para la Argentina; todo eso a cambio de vanas y vacuas palabritas.
Este Tratado fue suscripto el 1 de mayo de 1933, por el entonces vice-presidente de la República, Julio A. Roca (h) y Walter Runciman; en virtud del mismo, la República Argentina se aseguró la compra por parte de gran Bretaña de una cuota de carne, a cambio de: el desbloqueo de las libras esterlinas pertenecientes a empresas inglesas en la Argentina; importación libre de derechos del carbón; someter cualquier divergencia sobre el tratado a la Corte Permanente de Justicia Internacional; y, a través del Convenio Suplementario de la convención firmada el mismo año, la disminución de los derechos aduaneros sobre 235 artículos ingleses (una suerte de libre comercio encubierto).
El diario de Mitre, La Nación, halagaba el Tratado Roca-Runciman, vaticinando que “en él podrían inspirarse los tratado venideros”, de hecho, así fue, pues es la misma estructura jurídica que poseen los “Tratados de Promoción y Protección de Inversiones”: libre remesa de divisas; monopolio inglés en la economía argentina (Barrick, British Petroleum, etc); sometimiento jurisdiccional a un tribunal extranjero (CIADI).
Ilustra el particular, algunas opiniones de la época sobre el Tratado: el “Dialy Express” de Londres sostuvo que el tratado "entrega el status de dominio a una república de Sudamérica"; el senador Lisandro de la Torre por su parte afirmó: “La misión abocada a un imposible, por pura imprudencia de la Cancillería, después de haber aceptado todo lo que pedía Inglaterra, aceptó que nada se diera a la Argentina. He aquí por qué el convenio constituye un fracaso total: fracaso diplomático y fracaso comercial”; y el senador demócrata nacional por Tucumán José Nicolás Matienzo, advirtió: "tratar con una nación poderosa es siempre salir vencido".
Hemos podido apreciar en los casos analizados (enumeración ejemplificativa) como actuó el Imperialismo Internacional del Dinero mediatizando a los Estados, utilizando uno contra el otro en nombre de consignas varias, desangrándolos en encarnecidas guerras, que muchas veces nunca finalizan, para luego apoderarse de sus escombros y ruinas.
jueves, 19 de abril de 2012
¿FUE LA LOGIA LAUTARO MASONICA?
Por Aníbal A. Rottjer
San Martín, Alvear, Zapiola y Anchoris fundaron en Buenos Aires, en agosto de 1812 -a los cinco meses de su llegada de Europa- esta sociedad secreta [la Logia Lautaro], independiente de toda matriz extranjera. No dependía ni de Londres ni de Cádiz. Su local de reuniones se hallaba en la actual calle Balcarce, frente al paredón del convento de Santo Domingo.
'No era masónica, ni se derivaba de la masonería -dice Mitre[1]- sino que tan sólo utilizaba algunas palabras, toques y señales, o sea ciertas prácticas rituales de corte masónico a los simples efectos materiales de orden interno, pero su objeto era más elevado'. Sarmiento dice que 'no era una masonería como generalmente se ha creído ni menos las sociedades masónicas entrometidas en la política colonial'. Aunque los actuales masones argentinos hayan osado juzgar aviesamente las intenciones de la circular de la Logia Lautaro, cursada a San Martín el 21 de diciembre de 1816, los conceptos allí vertidos sobre el respeto debido a la religión de los pueblos son dignos de especial recordación. Helos aquí: 'No atacar ni directa ni indirectamente los usos, costumbres y religión. La religión dominante será un sagrado de que no se permitirá hablar sino en su elogio, y cualquier infractor de este precepto será castigado como promotor de la discordia en un país religioso'[2].
Prestaba su juramento sobre los Santos Evangelios, se obligaba al más riguroso secreto, y su objeto era defender la libertad e independencia.
El masón argentino, Martín Lazcano -de antigua y activa militancia en la institución-, afirma que todas las asociaciones políticas y secretas que fueron apareciendo en nuestro escenario patrio, después de 1806 hasta 1856, no fueron masónicas sino político-revolucionarias de carácter meramente profano; si bien empleaban en su régimen interno y en su acción externa modalidades masónicas, y pudieron contar con algunos masones emboscados entre sus miembros.
Ricardo Rojas escribió en 'El Santo de la Espada' que la logia de Lautaro era autónoma; no dependía de matrices masónicas y ni siquiera de otras asociaciones secretas; y el fundador del Instituto Sanmartiniano -José Pacífico Otero- nos asegura en el tomo 19 de su 'Historia del Libertador Don José de San Martín', que la logia fundada por San Martín no era en modo alguno masónica sino política.
Nuestra Lautaro, fundada por San Martín, fue, pues, una simple sociedad patriótica como sus modelos de Madrid, Cádiz y Londres.
La masonería en un primer momento pudo creer en San Martín, pero San Martín jamás creyó en la masonería; porque él no venía a envilecer al país sino a salvarlo. Dentro de la práctica del lautarismo no entraba la iniciación masónica, y todas las demás sociedades secretas argentinas anteriores al 1856, vivieron siempre al margen de los principios ocultos y las leyes secretas de la masonería[3].
Dice Federico Ibarguren que San Martín y sus compañeros se afiliaron en Cádiz a la Sociedad de Lautaro 'con el exclusivo propósito de la independencia política de su patria amenazada, pero que él no endosó sus extremismos ideológicos, su antiespañolismo de fondo ni su sospechosa docilidad a las directivas de la política británica en el nuevo mundo, con que tal sociedad se caracterizó más tarde'[4].
En efecto, la infiltración masónica iniciada en España durante el reinado de Carlos III, persiguió en su intento satánico la sistemática aniquilación del pasado en España y América, por medio de su elenco de déspotas ilustrados con Aranda a la cabeza. El plan borbónico se consumó en 1812 por la acción de las Cortes de Cádiz con intervención directa de la masonería internacional.
'San Martín, en cambio, defiende la aplicación de la monarquía, el respeto a la autoridad y el fortalecimiento de la Religión -afirma el historiador José de la Puente- porque no era ni enciclopedista, ni menos jacobino, ni sufrió las ilusiones russonianas de un Moreno'[5].
Joaquín V. González -afiliado a la masonería en su juventud- dijo el 3 de agosto de 1905 en el colegio de La Salle de Buenos Aires siendo ministro de Instrucción Pública de la Nación: 'Los prohombres de nuestra amada patria fueron todos cristianos austeros, como cristiano fue también el ambiente en que se reunieron nuestros primeros congresos'[6].
Con los civiles y militares lautarinos 'fraternizan' en Buenos Aires los sacerdotes patriotas argentinos: Castro Barros, Chambo, Chorroarín, Figueredo, Gregorio y Valentín Gómez, Agüero, Grela, Perdriel, Cayetano Rodríguez, Herrera, Aparicio, Sáenz, Zavaleta, Toro, Díez de Rámila, Segurola, Vidal, Anchoris, Pedro Gallo, Amenábar, Fonseca, Salcedo, Rivarola, etc.
Y así como hubo numerosos sacerdotes logistas en Buenos Aires, los hubo también numerosos en las logias patrióticas de Mendoza, Tucumán, Montevideo, Chile, Caracas, Bogotá, Lima y México, de preponderante actuación en los sucesos revolucionarios de los respectivos países hispanoamericanos.
La logia Lautaro, mientras estuvo a su frente San Martín, cumplió patrióticamente su misión; decayó luego con Alvear y agonizó durante el gobierno de Pueyrredón, para desaparecer definitivamente con Rondeau en 1820. San Martín estaba decidido a abandonar para siempre el terreno político en que sólo por accidente había entrado, y cedió por entero a su competidor Alvear el campo de la Logia. En su seno se destaca, a fines de 1813, un partido personal -el alvearista- que a la postre la absorbió por completo.
Mitre afirmó que 'la logia Lautaro, condenable en tesis general, produjo en su origen bastantes bienes y algunos males, que inclinan la balanza a su favor. Sólo accidentalmente sirvió a ambiciones bastardas que tuvieron correctivo en la opinión. Tal institución secreta, por obra de San Martín y Alvear, preparaba entre pocos lo que debía aparecer en público como el resultado de la voluntad de todos. Ella debía ser el brazo que impulsara y la cabeza que orientara el movimiento revolucionario. Su finalidad era 'mirar por el bien de América y de los Americanos'; y su consigna: 'Nunca reconocerás por gobierno legítimo de la patria sino aquel que sea elegido por libre y espontánea voluntad de los pueblos'[7]. Mariano de Vedia y Mitre, en la 'Vida de Monteagudo', es más severo en su juicio. Allí sostiene que 'tal logia fue un instrumento político al que estuvieron supeditados los gobiernos que contribuyó a formar bajo la fe del juramento y las penas más severas a quienes lo violaran; por eso San Martín se sometió a sus decisiones, que limitaban su libertad de acción como jefe militar y gobernante, y por eso, Monteagudo, como tantos de sus miembros, fueron víctimas de las decisiones de sus cofrades, reunidos siempre en cónclave secreto e irresponsable ante la ley y ante la historia'.
'Las mismas logias lautarinas de Buenos Aires, Mendoza, Santiago de Chile y Lima del Perú -dice el historiador chileno Barros Arana- estrechamente vinculadas entre sí, fueron víctimas de enconadas rivalidades y cayeron las unas sobre las otras'[8].
A la logia Lautaro se afiliaron luego algunos elementos que habían pertenecido al 'club' de los morenistas, fundado por los parciales de Moreno y que ahora -para salvar la profunda divergencia que los dividía con motivo de la política seguida por el Primer Triunvirato- habían fundado la Sociedad Patriótica.
A raíz de la ineptitud de Rivadavia, San Martín, con sus tropas, apoya el movimiento revolucionario del 8 de octubre de 1812. Desde este momento la logia Lautaro entra en plena dirección del Estado y por lo tanto, de la Revolución de Mayo.
Consta en el acta del Cabildo de Buenos Aires del 8 de octubre de 1812 que los militares José de San Martín, Carlos de Alvear, Francisco Ortiz de Ocampo, etc., comparecieron en la Plaza con sus tropas 'para proteger la libertad del Pueblo, para que pudiese explicar libremente sus votos y sus sentimientos, dándoles a conocer de este modo que no siempre están las tropas -como regularmente se piensa- para sostener los gobiernos y autorizar la tiranía; que saben respetar los derechos sagrados de los pueblos y proteger la justicia de éstos... suplicándoles solamente (que) se trabajase por el bien y la felicidad de la Patria, sofocando esas facciones y partidos que fueron siempre la ruina de los Estados'.
La Argentina quiere seguir viviendo su propia vida orgánica secula
San Martín escribirá más tarde a Tomás Godoy Cruz, diputado al Congreso de Tucumán, sosteniendo que 'Rivadavia hizo indispensable esta revolución por ser enemigo irreconciliable de la logia Lautaro; pues no la comprendió en su triple función de asesorar al gobierno compartiendo su responsabilidad, de vigilar a los díscolos e indisciplinados, y de hacerse eco de las opiniones populares para trasmitírselas oportunamente'[9].
De esta segunda victoria del tradicionalismo criollo emergen las dos figuras próceres de Artigas y San Martín.
Ambos buscaban la independencia de toda dominación extranjera sin las componendas y tapujos morenistas y rivadavianos, pero mientras el artiguismo bregaba por una revolución económica y de reivindicación social -escribe Federico Ibarguren- el logismo sanmartiniano, que derrotó al Primer Triunvirato, buscaba una revolución política e ideológica'[10].
Porque, como dijo Juan Zorrilla de San Martín: 'América se emancipa de su metrópoli, no para interrumpir su historia sino para continuarla, para seguir viviendo su propia vida orgánica secular'.
San Martín, por desgracia, gravitó muy poco tiempo en la logia. Combate en San Lorenzo el 3 de febrero de 1813, marcha hacia el Norte para sustituir a Belgrano, se restablece en Córdoba en su quebrantada salud, y se dirige luego a Mendoza para desempeñar el gobierno de Cuyo.
Los 'liberales' de la Sociedad Patriótica -que unidos a los lautarinos sanmartinianos habían contribuido a la caída del régimen rivadaviano- se habían embanderado en la logia, con su caudillo, Monteagudo, secretario de Castelli, para luchar contra la política de transacción con España, sostenida por Sarratea y Rivadavia; por eso que esa alianza fue tan sólo superficial, pues, entre San Martín y el versátil demagogo y frenético jacobino, había profundas divergencias filosóficas.
Mientras San Martín -escribe Federico Ibarguren- buscaba la independencia para salvar al nuevo mundo del afrancesamiento disolvente, Monteagudo quería romper con la tradición hispana y crear en nuestra patria la 'Nueva Humanidad' soñada por los masones enciclopedistas e intelectuales de la dictadura jacobina'[11].
Monteagudo, continuador de Moreno y Castelli, exigía reformas radicales, recurriendo al terror y el exterminio. En junio de 1812 decía en la Sociedad Patriótica: 'quiero que se inmolen a la patria algunas víctimas; quiero que se derrame la sangre de los opresores; quiero que el gobierno olvide esa funesta tolerancia que nos ha traído tantos males desde que Moreno se separó de la cabeza del gobierno. Sangre y fuego contra los enemigos de la patria! ¡Ahora mismo los aniquilaría con un puñal!'.
Y el 13 de diciembre de 1812 sugería 'al gobierno el tremendo bando que establecía que 'en toda reunión pública de más de tres españoles, uno sería fusilado por sorteo y si la reunión era en lugar apartado, todos serían pasados por las armas'.
Más tarde se arrepentirá de sus extravíos como lo consigna en su 'Memoria', escrita en Quito en 1823, donde dice: 'Las ideas demasiado inexactas que entonces tenía de la naturaleza de los gobiernos, me hicieron abrazar con fanatismo el sistema democrático... Para expiar mis primeros errores yo publiqué en Chile en 1819, el 'Censor de la Revolución'; ya estaba sano de esa especie de fiebre mental que casi todos hemos padecido; y ¡desgraciado el que con tiempo no se cura de ella!'. Por el cúmulo de expoliaciones y crueldades cometidas durante su gobierno impolítico y por su altanería y despotismo el pueblo peruano pedirá su destitución y arresto. De noche, en Lima, será asesinado y su cadáver aparecerá a la mañana siguiente, en una calle de la ciudad, con un puñal clavado en la espalda.
Mientras estos 'liberales' porteños declamaban sus discursos filomasónicos individualistas y afrancesados, las huestes criollas y tradicionalistas de Belgrano y Artigas, de cuño hispanocristiano, daban su vida en los campos de batalla en lucha frontal contra el régimen del déspota ilustrado y contra el invasor político, social, económico e ideológico.
Y mientras las 'minorías ilustradas' se equivocan siempre en perjuicio del país, la 'plebe' lo salva.
Pero para los masones, Artigas seguirá siendo el 'personaje anarquista y sombrío que crea el caudillismo federal arrastrado por sus fanáticos delirios de mando y poderío'; y Belgrano, el 'visionario fanático e inepto' que, a pesar de las protestas de San Martín, debió bajar a Buenos Aires para dar cuenta de su actuación, a causa de la inicua campaña de descrédito que iniciaron contra él sus enemigos logistas[12].
La Logia Lautaro manejada por Alvear
Al retirarse San Martín de Buenos Aires, la logia Lautaro no fue otra cosa que la expresión de la voluntad de Carlos María de Alvear[13].
La logia se caracterizó entonces por la degeneración de todos los principios que eran su honor y se transformó en el partido alvearista.
Alvear -llamado el Nuevo Catilina- había falseado totalmente los compromisos de la logia, usurpando el poder en su propio provecho y traicionando a sus amigos. Culpable, con Sarratea y Rivadavia, de la política desquiciadora del Primer Triunvirato, suplanta ahora en la logia a San Martín, su antítesis en ideas y en temperamento.
Su influencia se dejó sentir preponderante en la Asamblea de 1813, agrupando a los diputados en alvearistas y sanmartinistas, con natural mayoría de los primeros, debido a la ausencia del jefe de los segundos.
El gran demagogo y fanático heterodoxo Monteagudo y el gran oportunista y ambicioso Alvear -que frisaba en los veintiséis años de edad- dirigían a la Asamblea desde la logia, bastardeada por su nefasta dirección[14].
El alejamiento de su rival, San Martín, facilitó la política alvearista, postergando el plan sanmartiniano de 'Independencia y Constitución', bandera de los lautarinos.
Recién cuando Artigas vence a Alvear en 1815, valiéndose del coronel Alvarez Thomas, sobrino de Belgrano -que en su proclama revolucionaria estigmatizaba a 'esa facción aborrecida'- pudo declararse nuestra independencia, el 9 de julio de 1816, en el Congreso de Tucumán; y para completar nuestra independencia de toda dominación extranjera, como exigía el histórico congreso fue necesaria la aparición de un dictador, vaticinado por San Martín, como triste consecuencia del estado caótico a que llevó al país la política liberal antiargentina seguida por el grupo porteño extranjerizante y anticriollista[15].
La ideología que informa las leyes de 1813 es el reflejo del pensamiento de los grupos liberales y regalistas de tipo racionalista, presionados por el alvearismo morenista-monteagudeano.
Tal victoria de la línea liberal extranjerizante: Moreno-Castelli-Rivadavia-Monteagudo-Alvear, constituyó una verdadera traición a nuestro ser nacional, que provocó la guerra civil.
El pueblo reaccionará por medio de sus caudillos en defensa de los principios populares, nacionales y cristianos en la línea argentinizante y tradicionalista Saavedra-San Martín-Belgrano-Artigas en contra de las reformas planificadas en 1813, realizadas en 1822, sancionadas en forma aparentemente inocua en 1853 y 1860, concretadas luego en las leyes anticristianas de 1884 y 1888, con respecto a la escuela y a la familia y sostenidas, aún hoy día... En 1888 se asestará un golpe mortal a la familia, la institución madre de la humanidad, desterrando a Dios de los hogares; así como cuatro años antes se lo había desterrado de las escuelas.
[1] NOTA DEL EDITOR: Aclaro que el General Mitre fue masón, grado 33; aunque murió reconciliado con la Iglesia, confesado y asistido por Monseñor Romero y Monseñor Rasore, recibiendo la bendición que le enviara el Papa San Pío X. Antes de esto firmó una declaración antiliberal, entregada a Mons. Espinoza, con destino al archivo secreto de la curia de Buenos Aires (cf. Rottjer, p. 310-311).
[2] Lazcano, Martín, op. cit., tomo 1, pág. 196. Mitre, Bartolomé, Historia de San Martín, tomo 1, pp. 58, 54 y 198. Zuñiga, op. cit., pág. 411.
[3] Lazcano, Martín, op. cit., tomo 1, pág. 225 y tomo II, pág. 881.
[4] Ibarguren, op. cit., pág. 111. Palacio, op. cit., pp. 173 a 175.
[5] Puente, José de la. San Martín y el Perú.
[6] Rev. Ecles. de Bs. As. Año 1905.
[7] Mitre, op. cit. Tomo II, pp. 117, 184, 145 y 172. Lazcano, op. cit. Tomo 1, pág. 253.
[8] Dicc. Hist. Arg., op. cit. Tomo IV, pp. 830 y 831.
[9] Lazcano, op. cit. Tomo 1, pág. 68.
[10] Ibarguren, op. cit., pág. 114.
[11] Ibarguren, op. cit., pág. 117.
[12] Zuñiga, op. cit., pp. 189 y 190.
[13] Lazcano, op. cit., tomo 1, pp. 266 y 334.
[14] Ibarguren, op. cit., pág. 130. Palacio, op. cit., pp. 176 y 181.
[15] Ibarguren, op. cit., pág. 123. García Mellid, op. cit., pág. 88.
domingo, 8 de abril de 2012
EL DIARIO DE SAN MARTÍN, ESCRITO POR TERRAGNO[1]
Nos interesa efectuar un breve comentario sobre el libro
recientemente publicado por el doctor Rodolfo Terragno, de cuya capacidad intelectual no dudamos, y que ha
tenido, además, una vasta actuación pública: diputado y senador nacional,
ministro y jefe de gabinete.
1. Se advierte en el libro que: “No se trata de una novela: cada dato, circunstancia o anécdota surge de una escrupulosa investigación histórica con base en fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”. Sin embargo, ha adoptado la forma literaria de un diario personal, redactado en tiempo presente, por el autor, es decir, el doctor Terragno.
2. Ahora bien, un diario, según el diccionario de la Real Academia Española, es la “relación histórica de lo que ha ido sucediendo por días, o día por día”. Por ello, el diario es un subgénero de la biografía, más precisamente de la autobiografía. Por lo tanto, si el autor escribe como si fuese otro quien lo hace, efectuando un relato imaginario, se trata en realidad de una novela.
3. De nada sirve que se detalle una extensa bibliografía, pues al omitirse citas al pie de página, y agrupar las fuentes al fin de cada capítulo, no puede determinarse que fundamento posee cada frase. A esto se agrega, como ya mencionamos, que el autor alega haber consultado “fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”, la mayoría de los cuales, obran en archivos europeos. De modo que quien quisiera corroborar dichos antecedentes, debería viajar al viejo continente para hacerlo.
Nos parece, entonces, que el libro comentado no es una obra histórica, pues carece de la precisión que “debe extenderse a los más mínimos pormenores”, como enseñaba don Marcelino Menéndez y Pelayo[2].
4. Terragno ya demostró, en una obra anterior sobre San Martín[3], lo que considera antecedente válido para una reconstrucción histórica. En efecto, escribió un libro de 261 páginas, en torno a 47 hojas manuscritas (“Plan Maitland”), que descubrió casualmente en el Archivo General de Escocia. Ese escrito no constituye un documento, pues no tiene destinatario, ni fecha, ni firma.
5. En el mismo libro, el autor mantiene la duda sobre el carácter de masón de San Martín, pese a revelar –casi 20 años después- que el Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra le aseguró en 1980 en una comunicación escrita personal que: “La Logia Lautaro no fue una logia masónica sino una sociedad política secreta. Es posible que haya adoptado algún rito o formas pseudomasónicas, pero la masonería regular no tuvo conexión con la Logia Lautaro y no habría respaldado a esa organización ni sus actividades”.
6. En una muestra sorprendente de imprecisión, menciona tres supuestos:
“1. Que San Martín haya sido masón.
2. Que la masonería inglesa o escocesa haya tratado a las logias pseudo-masónicas de americanos independentistas como organizaciones fraternas que, por compartir ciertos objetivos, debían conocer algunos secretos.
3. Que, conociendo los planes y el carácter excepcionalmente reservado de San Martín, algunos de sus numerosos amigos masones haya compartido con él (si no otros secretos de la masonería) información sobre proyectos en los cuales la masonería servía informalmente el interés del Reino Unido.
Todo mi esfuerzo, en este capítulo, consiste en demostrar que alguno de estos supuestos es cierto”[4].
7. En la extensa bibliografía del Diario, no se incluye ninguno de los libros que demuestran, con datos y argumentos, que San Martín no fue masón. Destacamos, al respecto, el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema. Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato. Reproducimos los documentos en:
http://forosanmartiniano.blogia.com/temas/san-martin-y-la-masoneria.php
8. En conclusión, el libro comentado puede resultar de interés para los aficionados a las novelas históricas, pero carece de significación para la historia sanmartiniana.
[1] Terragno, Rodolfo. “Diario íntimo de San Martín. Londres 1824, una misión secreta”; Buenos Aires, Sudamericana, 2009.
[2] Cit. Por: Picciuolo, José Luis. “Reverendo Padre Cayetano Bruno sdb, sacerdote e historiador eclesiástico”; Buenos Aires, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, 2008, pág. 24.
[3] Terragno, Rodolfo. “Maitland & San Martín”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999.
[4] Ibidem, pág. 178.
Por Mario Meneghini
1. Se advierte en el libro que: “No se trata de una novela: cada dato, circunstancia o anécdota surge de una escrupulosa investigación histórica con base en fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”. Sin embargo, ha adoptado la forma literaria de un diario personal, redactado en tiempo presente, por el autor, es decir, el doctor Terragno.
2. Ahora bien, un diario, según el diccionario de la Real Academia Española, es la “relación histórica de lo que ha ido sucediendo por días, o día por día”. Por ello, el diario es un subgénero de la biografía, más precisamente de la autobiografía. Por lo tanto, si el autor escribe como si fuese otro quien lo hace, efectuando un relato imaginario, se trata en realidad de una novela.
3. De nada sirve que se detalle una extensa bibliografía, pues al omitirse citas al pie de página, y agrupar las fuentes al fin de cada capítulo, no puede determinarse que fundamento posee cada frase. A esto se agrega, como ya mencionamos, que el autor alega haber consultado “fuentes y manuscritos que aún permanecen inéditos”, la mayoría de los cuales, obran en archivos europeos. De modo que quien quisiera corroborar dichos antecedentes, debería viajar al viejo continente para hacerlo.
Nos parece, entonces, que el libro comentado no es una obra histórica, pues carece de la precisión que “debe extenderse a los más mínimos pormenores”, como enseñaba don Marcelino Menéndez y Pelayo[2].
4. Terragno ya demostró, en una obra anterior sobre San Martín[3], lo que considera antecedente válido para una reconstrucción histórica. En efecto, escribió un libro de 261 páginas, en torno a 47 hojas manuscritas (“Plan Maitland”), que descubrió casualmente en el Archivo General de Escocia. Ese escrito no constituye un documento, pues no tiene destinatario, ni fecha, ni firma.
5. En el mismo libro, el autor mantiene la duda sobre el carácter de masón de San Martín, pese a revelar –casi 20 años después- que el Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra le aseguró en 1980 en una comunicación escrita personal que: “La Logia Lautaro no fue una logia masónica sino una sociedad política secreta. Es posible que haya adoptado algún rito o formas pseudomasónicas, pero la masonería regular no tuvo conexión con la Logia Lautaro y no habría respaldado a esa organización ni sus actividades”.
6. En una muestra sorprendente de imprecisión, menciona tres supuestos:
“1. Que San Martín haya sido masón.
2. Que la masonería inglesa o escocesa haya tratado a las logias pseudo-masónicas de americanos independentistas como organizaciones fraternas que, por compartir ciertos objetivos, debían conocer algunos secretos.
3. Que, conociendo los planes y el carácter excepcionalmente reservado de San Martín, algunos de sus numerosos amigos masones haya compartido con él (si no otros secretos de la masonería) información sobre proyectos en los cuales la masonería servía informalmente el interés del Reino Unido.
Todo mi esfuerzo, en este capítulo, consiste en demostrar que alguno de estos supuestos es cierto”[4].
7. En la extensa bibliografía del Diario, no se incluye ninguno de los libros que demuestran, con datos y argumentos, que San Martín no fue masón. Destacamos, al respecto, el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema. Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato. Reproducimos los documentos en:
http://forosanmartiniano.blogia.com/temas/san-martin-y-la-masoneria.php
8. En conclusión, el libro comentado puede resultar de interés para los aficionados a las novelas históricas, pero carece de significación para la historia sanmartiniana.
[1] Terragno, Rodolfo. “Diario íntimo de San Martín. Londres 1824, una misión secreta”; Buenos Aires, Sudamericana, 2009.
[2] Cit. Por: Picciuolo, José Luis. “Reverendo Padre Cayetano Bruno sdb, sacerdote e historiador eclesiástico”; Buenos Aires, Junta de Historia Eclesiástica Argentina, 2008, pág. 24.
[3] Terragno, Rodolfo. “Maitland & San Martín”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999.
[4] Ibidem, pág. 178.
Por Mario Meneghini
domingo, 1 de abril de 2012
MALVINAS: A 30 AÑOS DE UNA GESTA NACIONAL
Se cumplen en estos
días 30 años de la recuperación temporal
de las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Sería largo de explicar los
fundamentos jurídicos que legitimaron en su momento el dominio español sobre
las mismas y luego – por aplicación del principio “utis possidetis iuris”-
nuestra soberanía sobre todo el archipiélago. Los ilícitos y transitorios
asentamientos de Francia e Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII no
lograron empañar la pacífica posesión por parte de España, desde su descubrimiento en 1520 por la expedición de Magallanes – 72
años antes del avistaje realizado por el marino inglés John Davis - hasta la Declaración de nuestra
Independencia en 1816. “De 1520 es,
precisamente, el mapa más antiguo donde, por primera vez, aparecen
cartografiadas las Islas Malvinas”[1],
denominadas en aquel tiempo como “Islas de Sansón”. Esto explica los reclamos
diplomáticos de la Corona
cada vez que se produjeron incursiones por parte de ingleses, franceses y
holandeses, como los 27 nombramientos de administradores de las Malvinas hechos
por España entre 1776 y 1810. En 1820,
consumada ya nuestra Independencia, se tomó posesión de las Islas en nombre de
las Provincias Unidas del Río de la
Plata, izándose por primera vez el pabellón nacional.
“Durante la década de 1820 los distintos gobiernos de Buenos Aires designaron
gobernadores en Malvinas y legislaron sobre sus recursos pesqueros y el
otorgamiento de concesiones territoriales”[2]. Don Luis Vernet fue nombrado, en 1829 su primer
Comandante político y militar. Allí se trasladó “con su esposa María Sáez,
oriunda de Montevideo, teniendo con ella una hija en Puerto Soledad: Malvina
Vernet y Sáez. La población que había en
la isla era de entre 120 y 150 residentes en total, y estaba compuesta
fundamentalmente por cazadores y pescadores”[3].
Es decir que el territorio hoy en
disputa estaba poblado y tenía un gobierno local. Por aquellos años, el
Imperio Británico tenía interés en ocupar las islas por razones geopolíticas,
militares y económicas. Los ingleses habían sido rechazados heroicamente por
los criollos con ocasión de las famosas Invasiones a Buenos Aires de 1806 y
1807, y volverían a ser derrotados por la Confederación Argentina
en la Guerra
del Paraná, entre 1845 y 1848. Pero la guerra civil de unitarios y federales,
unida a la Expedición
al Desierto para consolidar nuestra soberanía sobre parte de la Patagonia, impidió que
nos defendiéramos con éxito de la violenta ocupación inglesa del 2 de enero de
1833. La protesta del entonces gobernador argentino en Malvinas, José María
Pinedo, como la recuperación temporal de las mismas realizada por un grupo de
peones capitaneados por el entrerriano Antonio Rivero (conocido como el “Gaucho Rivero”) fueron
inútiles. Gran Bretaña, violando el
Tratado de Tordesillas entre España y Portugal de 1494, el Acuerdo de Madrid
entre España y el Reino Unido de 1670, el posterior entre ambos Estados de
1771, el Tratado de San Lorenzo del Escorial de 1790 y el de Amistad entre las
Provincias Unidas del Río de la
Plata e Inglaterra de 1825, ocupó de modo ilegal las Islas y
a partir de 1843 envió los primeros colonos a un territorio que no les
pertenecía. Dichos colonos son, en
muchos casos, los ascendientes de los actuales habitantes de las Islas llamados
“kelpers”, a los cuales Gran Bretaña y algunos intelectuales argentinos –
contrariando principios jurídicos de
orden internacional, entre otros el de “integridad territorial” y el de “no
prescripción de los derechos legítimamente adquiridos y conservados” – quieren
otorgarles la “autodeterminación”, esgrimiendo la necesidad de custodiar, no
los “intereses” (que la
Argentina siempre prometió respetar), sino los “deseos” de
los mismos. Naturalmente, si accediéramos a esa pretensión – que fue la
utilizada por la diplomacia inglesa en 1982 -, los kelpers se constituirían en
un estado independiente, integrante de la Comunidad Británica
de Naciones. Sostener esa hipótesis (que la ONU rechazó como contraria a derecho en relación
al Peñón de Gibraltar), carece de fundamentos jurídicos adecuados y sería
hacerle el juego al imperialismo inglés. Con maniobras de ese tipo las
Provincias Unidas del Río de la
Plata se desintegraron parcialmente en el siglo XIX,
separándose de las mismas el Alto Perú
(hoy Bolivia), Paraguay, la
Banda Oriental (hoy República Oriental del Uruguay) y las
Misiones (tanto Occidentales como Orientales) que pasaron a manos de Brasil. Meditemos que mientras ciertos gobernantes
argentinos esgrimían esta indiferencia, que
implicó una disminución de casi la mitad de nuestro territorio – con la pérdida
de riquezas históricas, culturales, religiosas y económicas – Brasil y EE.UU,
en la misma época, no hicieron más que
agrandar el suyo a costa de otras naciones…
Los sucesivos gobiernos que tuvieron a su
cargo las Relaciones Exteriores de la Argentina, desde 1833 hasta la fecha, hicieron
las reclamaciones diplomáticas de rigor, en una larga y pacífica protesta,
impidiendo de ese modo la prescripción de nuestros derechos. Gran Bretaña incurrió en cambio en numerosas
contradicciones que, según la “doctrina de los actos propios”[4]
del derecho internacional público, constituyen un argumento en contra de sus
pretensiones, que se suma a las ilícitas
ocupaciones de 1833 y de 1982. Inglaterra
no sólo no hizo lugar a ninguno de los sucesivos planteos de la Cancillería argentina
sino que desconoció de hecho las Resoluciones 1514 y 2065 de la Asamblea General
de las Naciones Unidas referidas – de modo indirecto o directo – a esta cuestión.
Intereses militares y económicos llevaron, por el contrario a que Gran Bretaña
fortificara militarmente las Islas- antes de 1982 -y realizara sucesivas
exploraciones en busca de hidrocarburos, situación que se mantiene hasta el día
de hoy, cuando se conjetura con seriedad no sólo la existencia de petróleo
en la zona, sino la ubicación del mismo a una profundidad menor que en las
aguas del Brasil. Por informes de las expediciones de las empresas que
ilegalmente exploran la cuenca de Malvinas, se supone que allí hay grandes “reservas
(…) de barriles de petróleo de calidad comercial”.[5]
La posesión de las Islas Malvinas por
parte de una potencia colonialista, además de la injusticia que de suyo
comporta, compromete nuestros derechos sobre la Patagonia y sobre la Antártida y nos priva de los recursos naturales propios
de dicho espacio geográfico. Con el
agravante de que, a partir de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en
2009, Gran Bretaña consiguió que las
Malvinas formen parte de la “región ultraperiférica de la Unión Europea”[6].
De ese modo, los 27 miembros de la
Unión se han hecho “cómplices y garantes de la usurpación
británica de las Islas”[7], europeizando su ocupación. De allí la
importancia de “suramericanizar” el tema, teniendo en cuenta la solidaridad que
la mayoría de las naciones hermanas de Hispanoamérica manifestaron durante la Batalla de 1982. Recordemos
en especial el apoyo de Perú. Malvinas es no sólo una Causa Nacional de lo argentinos (sin distinción de clase, de
partido o de sector) sino una Causa de la Patria Grande
Suramericana y de toda la Comunidad Hispánica de Naciones. Generación tras
generación, a los largo de cinco siglos, nuestros antepasados descubrieron,
ocuparon y gobernaron esa porción de la Patria, y luego de 1833, la defendieron, tanto
por la vía diplomática como por la militar. El último conflicto bélico, más allá de la derrota, de las imprudencias
y de las traiciones, tuvo reconocidos actos de coraje que constituyen una verdadera
gesta de nuestro pueblo. Gracias al mismo la Argentina redescubrió
que tiene Héroes. No víctimas, sino Héroes, que encarnaron de modo
paradigmático la virtud del patriotismo. Por eso es importante recordar que
una Batalla perdida no es una Causa perdida. Podemos afirmar con José Hernández, el autor del “Martín
Fierro” que “absorberle un pedazo de
territorio (a los pueblos), es un doble atentado, porque no sólo es el despojo
de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación”.[8]
. Y preguntarnos, con el célebre político e intelectual nacionalista Ramón Doll, qué significa, de hecho, el despojo de las
Malvinas. “Ya podemos comprender perfectamente cuál es la función específica
del dominio inglés sobre las Malvinas- decía en 1939-. Con respecto a la
Argentina sirven como de una advertencia muda, como de un
gesto simbólico de señorío sobre nuestro país. Desde el archipiélago
malvinero, un inglés fue apostado ahí para que constantemente nos hiciera un
signo imperativo de silencio y sumisión respecto a la situación de colonia
vergonzante con que nos tiene subordinados. Adviértase fácilmente que la presencia de esa posesión inglesa, el
recuerdo de que la obtuvo a base de la más cínica prepotencia, y el silencio
irónico con que Inglaterra contesta nuestras reclamaciones, tienen una gran
importancia psicológica sobre el espíritu público argentino (…). Las
Malvinas son en manos de Inglaterra algo así como la fianza o si se quiere la
prenda (…) que simboliza la venta total de la soberanía argentina”[9].
En otras palabras, tenemos una superficie importante de nuestro territorio
ocupado por una Potencia extranjera y colonialista. La misma que – habiendo perdido gran parte de
su Imperio – ejerce, en alianza con EE.UU, otros Estados del llamado Primer
Mundo y poderosas multinacionales, el poder
hegemónico dominante en el mundo actual. Ese poder con el cual tenemos una colosal e ilícita deuda externa y que,
a través de organismos globales, fomenta
la homosexualidad, el aborto, la contracepción, la ideología de género, el laicismo
y el ataque constante a la
Tradición católica de la Argentina. No es un secreto para nadie ya, el papel que en todos estos temas juegan la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller,
el Club Bilderberg, la
Comisión Trilateral y sobre todo la Masonería inglesa, cuyo
Gran Maestre es el Príncipe Eduardo, Duque de Kent. De allí también, el fervor
no sólo patriótico sino también religioso con que muchos argentinos combatieron
en 1982. Por lo demás, si tenemos en cuenta que según el informe oficial de
la República
Argentina presentado en 2009 ante la Convención de las
Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la superficie de nuestro territorio
comprende unos 10.400.000
kilómetros cuadrados y no los 2. 791.810 km2 de la
cartografía anterior (que no oficializaba el límite exterior de nuestra
plataforma continental), la pérdida de
las Malvinas e Islas del Atlántico Sur y sus espacios marítimos respectivos,
significaría la de un total de 3 millones de km2, es decir cerca de un tercio
de nuestra tierra.
El
patriotismo es una de las virtudes más importantes para un nación como la
nuestra, sometida a un “colonialismo mental” desde hace casi dos siglos. Patria
significa tierra de los padres y comprende todo el patrimonio material y
espiritual heredado. Que estos 30 años de la Batalla del Atlántico Sur
nos ayuden a ser conscientes de nuestra responsabilidad ante las generaciones
pasadas y futuras, por esas tierras donde descansan los restos de quienes dieron
su vida por recuperarlas y en función de los cuales tenemos importantísimos intereses
geopolíticos, militares, económicos, culturales y religiosos. Defendamos esta Causa y honremos a los Héroes que supieron derramar su
sangre por la
Soberanía Nacional.
Fernando Romero
Moreno
[1] AA.VV, 1492-2010- Malvinas. Una perspectiva suramericana,
Ediciones de la
Universidad Nacional de Lanús (EDUNLA), Bs. As, 2011, pág. 93
[2] AA.VV, op. cit., pág. 110
[3] AA.VV, op.cit., pág. 117
[4] AA.VV, op. cit, pág. 133
[5] AA.VV., op cit., pág 80.
[6] AA.VV, op. cit. pág. 26
[7] AA.VV, op. cit. pág. 26
[8] AA.VV, op. cit. pág. 143.
[9] Doll, Ramón, Hacia la liberación, Biblioteca del Pensamiento
Nacionalista Argentino, Ediciones Dictio, Bs. As., págs.. 366 y 369
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